Te miras en el espejo con ojos cansados,
buscando en tus cicatrices
una razón para creer
que no sabes brillar.
¿Cuándo aprenderás que tu alma
no es un susurro muerto y olvidado,
sino un grito que llena tus entrañas,
y que no siempre logras acallar?
Has dado amor en silencios y
en abrazos vacíos,
pensando que amar es solo soportar
y no también, dejar marchar.
Pero no eres las dudas que te pesan,
ni los juicios que aprendiste a creer.
Eres la risa que aún no regalaste,
Eres la tormenta sin estallar,
Eres la luz que el tiempo no puede apagar.
Y un día, al mirarte al espejo,
vas a reconocer a la mujer
que mereces ser.
Y entonces…
Abrázate fuerte
Mírate con ternura.
Ama sin miedo y sin ayer.
Porque no habrá belleza
más pura que la tuya
cuando no dudes lo que vales
y no necesites,
ya más,
que alguien te lo recuerde.