Hace unos días te dije,
casi sin saber qué hacer,
que te amaba… y en tus ojos
vi un silencio responder.
Quizás pensaste que era
por tu boca o por tu piel,
por esa luz de tus senos
que me invita a amanecer.
Pero no busques la culpa
en el deseo o el tener;
yo siempre fui de los locos
que le hablan al atardecer,
De los que miran el ocaso
como un regalo de Dios,
de los que hablan con su perro,
con la luna y con la flor.
Y si hoy te amo, mujer,
es porque me devolviste
al joven que daba versos
cuando soñaba querer.
Trajiste de vuelta sus ganas,
su manera de mirar;
me recordaste que el alma
también sabe despertar.