Dicen que el tiempo se mide
en días, horas y minutos
encarcelados en relojes de pulsera,
de pared o de mesa.
Pero están equivocados.
Mi tiempo se mide
en la frecuencia nunca igual de tus correos
y en la nostalgia hasta el próximo mensaje.
Mi tiempo se mide,
no en los días que faltan por pasar,
sino en los días ya pasados,
que son los que realmente me acercan a ti