Esta es la historia de un niño y un anciano que compartían algo tan cotidiano como un banco, pero también es una historia sobre el costo de la distancia cuando se deja de sostener.
La Fábula del banco bajo el árbol
En un parque había un viejo banco de madera donde cada tarde se sentaban un niño y un anciano. No hablaban de cosas importantes, solo compartían juegos, historias y hasta silencios que parecían no terminar nunca.
El anciano le enseñaba al niño que el viento mueve las hojas como letras y números, mientra que el niño, a su vez, le regalaba preguntas y risas con esa manera de mirar de quienes aún están descubriendo el mundo.
Un día, el anciano tuvo que marcharse lejos y esa tarde el banco quedó solo. “No pasa nada”, dijeron los mayores. “Seguirán recordando y compartiendo ese banco”.
El niño que los oyó sonrió y con la paciencia que da la esperanza, cada tarde se sentaba en el banco, dejando un pequeño espacio a su lado, esperando ver al anciano aparecer en cualquier momento. Al principio preguntaba, insistía, proponía por una llamada, una visita, cualquier forma de no perder aquello que habían construido, pero siempre había una respuesta:
—Estamos ocupados. Estamos muy lejos. El próximo sábado.—
El tiempo fue pasando, el banco seguía allí, pero una tarde el niño comenzó a llenar ese espacio vacío a su lado con juguetes nuevos y, con el tiempo, fue olvidando el interés de caminar hasta el parque.
No, no había olvidado, solo había aprendido que no basta con querer aferrarse a un vínculo, si quienes pueden ayudar a sostenerlo, se conforman con no hacerlo.
¿Y el anciano? se preguntarán algunos….
Bueno, durante un tiempo mantuvo a su lado un lugar en el banco, pero con el paso de las semanas y los meses, llegó algo más doloroso que el olvido… la aceptación de no necesitar mirar más al camino.
No, el anciano tampoco olvidó al niño… solo dejó de necesitar su presencia para seguir viviendo.
Una reflexión necesaria
Al final, no todas las separaciones son iguales: algunas son inevitables y otras forman parte de lo que se dejó perder.
Como en la fábula, el banco puede seguir ahí, pero son las decisiones — o las excusas — las que determinan que sea continuidad u olvido, pues mantener un vínculo en la distancia es, a la larga, una prueba silenciosa de fortaleza, de resistencia y de interés
Pulsa este enlace para conocer otras historias, reflexiones y hasta un poco de poesía
Me hizo llorar, pero muy sabio recordatorio q el niño crece y será un reflejo de lo q le enseñaron, de lo q sembraron en el cdo se debía. Es verdad q la vida es difícil y tiene etapas q lo son más, pero, los niños necesitan q se les reafirme aquellos afectos q VALEN LA PENA