La vida tiene formas muy curiosas de recordarnos la edad: Los años no avisan, pero la guagua sí

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Hay señales de la edad que uno espera con resignación como las canas, el crujido de las rodillas al levantarnos o esa manía nueva de quejarnos del frío aunque haga calor. Pero hay otras que llegan sin aviso, silenciosas, casi traicioneras, a través de los gestos y la mirada amable de los demás.

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