Muchas veces damos por seguro lo que nos resulta lógico, pero la vida no es una leccion de aritmética. De eso trata nuestra fábula de hoy
Esta historia comienza en un valle escondido entre las montañas de un país de cuentos, donde un viejo castor enseñaba a sus crías a construir diques en un riachuelo poco profundo.
—Recuerden —decía con la seguridad de quien ha hecho muchos —si ponemos dos troncos aquí y dos troncos allá, tendremos siempre una pared fuerte, pues cuatro bien puestos bastan para contener el agua
—. Y las crías asentían mirando la represa crecer.
Pero una nutria, pequeña y curiosa, que observaba en silencio aquella conversación preguntó:
—Y…. ¿Siempre funciona así?—
Mirándola, el castor sonrió con paciencia.
—Siempre.— le respondió
Esa noche, la lluvia cayó con una fuerza desconocida y el riachuelo, que durante meses había sido manso y apacible, creció, arrasando todo a su paso.
A la mañana siguiente, el dique construido con los cuatro troncos había desaparecido. Al llegar al lugar, las crías miraron al viejo maestro con desconcierto.
—Pero si estaba bien construido … eran cuatro troncos—murmuró una de ellas.
Y la nutria, que había permanecido cerca, les respondió señalando la corriente.
—Sí, eran cuatro, como dicen los manuales, pero no contaron con la fuerza que podría alcanzar la corriente ni la inclinación de la tierra que la aceleraba.
El viejo castor guardó silencio por un largo rato y finalmente, mirando a sus alumnos les dijo:
—Hoy el río nos ha recordado algo que los números no dicen. Nos ha mostrado que la vida no siempre suma de forma exacta. Que lo invisible, lo cambiante y lo inesperado también cuentan —
Y ese día, para construir el nuevo dique, buscaron ramas, piedras y barro además de los cuatro troncos y para colocarlos, calcularon el viento, escucharon el cauce y sintieron la humedad del suelo.
Reflexión
Vivimos convencidos de que nuestros esfuerzos deben traducirse en resultados exactos. Damos amor y esperamos recibir amor, ofrecemos tiempo esperando reciprocidad, sembramos trabajo esperando recoger frutos, siempre con una lógica que parece impecable: lo recibido debe equivaler a lo entregado.
Sin embargo, en la vida sucede como con el río de la fábula, hay fuerzas invisibles que alteran cualquier cálculo: un momento no adecuado, los éxitos o fracasos del otro, nuestras propias limitaciones, la incertidumbre, el azar o simplemente la voluntad del destino.
Muchas veces aquello que parecía seguro, termina fracasando, no porque hayamos medido mal, sino porque existen elementos que no se dejan medir.
Por eso, fuera de las matemáticas, no siempre dos más dos es cuatro, porque en la vida no solo se cuenta, también se siente, se interpreta y se aprende.
Moraleja de Óscar
No siempre vence quien mejor cuenta, sino quien sabe escuchar lo que no se puede contar.
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La vida demuestra que nada es tan simple, son muchos los factores a tener en cuenta para llegar a un resultado final , no sólo es sumar , a veces tenemos que restar, dividir y hasta elevar al infinito
En eso precisamente consiste la vida en saber sumar, restar, multiplicar e incluso dividir 😊
Por ello es que nunca es suficiente lo aprendido durante los años, la experiencia cuenta y mucho, pero nunca se termina de aprender para ser absoluto al transmitir un pensamiento,una idea, un sentir, etc