La vida tiene formas muy curiosas de recordarnos la edad: Los años no avisan, pero la guagua sí

Compartir en:

Hay señales de la edad que uno espera con resignación como las canas, el crujido de las rodillas al levantarnos o esa manía nueva de quejarnos del frío aunque haga calor. Pero hay otras que llegan sin aviso, silenciosas, casi traicioneras, a través de los gestos y la mirada amable de los demás.

Llega un momento en el que nos damos cuenta de que aunque nos sigamos sintiendo igual de joven, quienes nos rodean ya nos han asignado el cartel de “persona mayor”. Pero lo desconcertante es que no nos damos cuenta de golpe, ¡Qué va!…  Lo percibimos a través de pequeñas señales que de manera muy sutil nos va enviando la vida.

Un día alguien dice  —“Señor, se le cayó esto—. Y tú te das la vuelta buscando a ese adulto que debe estar detrás de ti. Pero no… ¡Es a ti a quien le hablan!!! Y en ese momento sientes cómo envejeces emocionalmente tres años por segundo.

También está cuando intentas explicar a alguien más joven cómo utilizar una aplicación en el móvil y mirándote con esa mezcla de ternura y lástima te responde: —Mira, te voy a explicar cómo se hace más rápido. —

O cuando en la casa o la oficina alguien dice “cringe”, “random”, “stalkear”, “NPC”… Y tú, como si entendieras, sonríes, aunque en realidad quisieras encontrar en tu mente un “diccionario de sinónimos 2026” para poder comprender de qué diablos hablan.

Y la música… ¡ La dichosa música…! Pones una canción y alguien dice «Qué bueno que pongan música clásica» —¿Clásica, si son los Formula V?— Y aunque respondes que ahora ya no se hacen canciones como esa,  sabes que perdiste la discusión, pues en tu época (por suerte o por desgracia) no existía Bad Bunny. 

La moda también te habla…. Ves a un joven que, vistiendo pantalones anchos, tenis y una chaqueta como las que usabas hace veinte años, te dice emocionado: —Esto es lo último,  ¡esta moda está súper!!—  Y tu te sientes como un archivo histórico con patas, porque sabes muy bien que esa moda ya tuvo gloria y hasta resurrección.

Existe otra muy peligrosa…. Un joven se te acerca y te dice con toda la seriedad del mundo:

—Quería pedirte un consejo, tú que tienes experiencia.— Y aunque por fuera sonríes con sabiduría dando el consejo, por dentro te das cuenta de que acabas de convertirte, oficialmente, en una persona que habla en “flashbacks”.

Así se van acumulando, poco a poco, estas señales hasta que un día llega la más terrible, la implacable, la más feroz… Esa que marca el punto de no retorno:

Subes a una guagua y mientras te dispones a esperar tus tres paradas de pie, mirando por la ventanilla, escuchas una voz femenina y juvenil que te dice: —Mire Señor, siéntese aquí— y en ese instante tu mundo se derrumba. No importa si te estabas sintiendo ligero, incluso joven, porque ese “Señor” no es una palabra, es una “actualización de estado” que te obligan a aceptar con dignidad.

Y mientras miras con sentimientos variados a la joven que te cedió su asiento, finalmente captas el significado de los guiños que la vida lleva rato dándote:  No es solamente que tengas más edad, es que eres un modelo que aunque sigue funcionando relativamente bien, se debe tratar con cuidado porque “ya tiene su desgaste”….. En fin, que la vida se ha actualizado, y tu no tienes Versión 2.0

Moraleja:

Uno no empieza a sentirse mayor cuando le duelen las rodillas, sino cuando en la guagua alguien se levanta y te ofrece el asiento. Pero aunque el orgullo proteste un poco, en el fondo también se agradece haber vivido lo suficiente como para merecer ese gesto.

Pulsa este enlace para conocer otras historias, reflexiones y hasta un poco de poesía 

Deja un comentario