Este domingo fui con Ama a una iglesia cristiana y de lo escuchado durante el culto y conversado con los pastores sobre la FE, nace esta reflexión que hoy quiero compartir con ustedes. Siempre he creído que cada ser humano tiene su fe y el Dios donde ella se apoya
La fe es la confianza humana en algo
que no podemos demostrar plenamente
Cuando era joven, conocí a un ateo acérrimo que tenía un buen amigo cristiano. Se querían y se respetaban, pero había un tema sobre el que nunca conseguían ponerse de acuerdo: Dios.
Muchas veces cuando se encontraban, la conversación terminaba convirtiéndose en una discusión teológica. El cristiano defendía la existencia de un Dios justo, bueno y misericordioso. El ateo escuchaba y terminaba haciendo siempre la misma pregunta:
—Si Dios es justo y bueno, ¿por qué permite que haya guerras y niños con cáncer? Y no lo decía para provocar. Era, sencillamente, una pregunta a la que no hallaba respuesta.
Uno encontraba en Dios la fuerza para aceptar aquello que no podía comprender y el otro, en cambio, no podía creer en alguien que permitiera algo para él tan injusto.
Con los años he llegado a pensar que quizá ninguno de los dos tenía la respuesta correcta y que posiblemente la cuestión más importante no fuera siquiera encontrarla.
Cuando hablamos de Dios, cada uno parece hablar, en cierta medida, del Dios que necesita. Para algunos Dios es amor, justicia, refugio, consuelo o esperanza. Unos lo oyen y otros lo encuentra precisamente en el silencio.
Pero, por desgracia, también hay algunos que necesitan tener un Dios que juzgue, condene y hasta castigue.
Quizá exista un solo Dios, pero en la vida real existen infinitas maneras humanas de imaginarlo o de lo que es lo mismo, de conocerlo. Nuestra imagen de Él está inevitablemente influida por nuestra historia, nuestra educación, nuestra cultura y sobre todo nuestros miedos y nuestras esperanzas.
La fe como inspiración o como instrumento
El problema comienza realmente cuando confundimos nuestra idea de Dios, con Dios mismo. Decir «yo creo en Dios» habla de nuestra fe, pero cuando decimos «Dios quiere que hagamos esto», corremos el riesgo de convertir nuestros propios deseos en voluntad divina.
La historia nos ha mostrado esa peligrosa contradicción: hombres que han matado y declarado guerras en nombre de un Dios, y otros que, movidos por la misma fe, han dedicado su vida a cuidar, perdonar y ayudar.
Entonces, cabe preguntarnos ¿Dónde está la diferencia? Y para mi, la respuesta es sencilla: está en nosotros mismos. Dios no cambia, lo que cambia es nuestra manera de entenderlo y, sobre todo, de aplicar lo que creemos que nos dice.
Tal vez nunca sepamos por qué existe el cáncer, las guerras o el sufrimiento, pero siempre podremos decidir qué vamos a hacer frente a ellos.
Por otra parte, si creemos que Dios quiere la felicidad de todos, quizá no necesitemos comprender todos sus designios y solo debamos tratar de hacer un poco más digna y más humana la vida de quienes nos rodean.
Entonces ¿Dios es la fe o la Fe es Dios?
Si creemos que Dios es fe, ello significaría que ella solo existe en la medida en que creemos en Él y por el contrario, si pensamos que la fe es Dios mismo significaría que Él se manifiesta en nosotros precisamente a través de ella.
Pero hay una tercera posibilidad aún más interesante. Quizá Dios no sea la fe, ni la fe sea Dios. Qué tal si llegamos a la conclusión que la fe es precisamente el puente que construimos entre aquello en lo que necesitamos creer y lo que podemos comprender.
Eso nos hace volver a la pregunta inicial que generó esta reflexión: ¿el poder de la fe nos viene de Dios, o proviene del ser humano que cree en Él?
Espero tu opinión….
La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve y no se necesitan pruebas materiales.
Es un don divino y SE SIENTE , a partir de ahí recibimos la salvación por su gracia .
La fe sin obras es muerta y por ello se actúa en consecuencia a los mandamientos del Señor. Es un tema largo y profundo que no es posible discutir en este corto espacio.
La historia nos muestra que no pocos hombres en el afán de dominación, y poder han justificado sus actos exponiendo que Dios se los ha revelado para que les crean y ser apoyados es por eso eso hay que leer y releer su palabra , La BIBLIA .
No confundamos a los impíos e hipócritas que siguen y seguirán usando su palabra.
Ante la pregunta ¿el poder de la fe nos viene de Dios, o proviene del ser humano que cree en Él? Dice la Biblia que el poder es de Dios, y que la fe es un don (regalo) de Dios. Así que la fe viene por oír, es decir, por oír la Buena Noticia acerca de Cristo (Romanos 10:17).
Jesucristo es el objeto de la fe; se ha de depositar la confianza en Él. Es Él, el fundamento de la fe. El camino por el que se llega a Dios para la salvación.Sin fe nada de esto es posible. Además, sin fe es imposible agradar o vivir para Dios.