Acabo de ver por enécima vez el filme “Meet Joe Black«. Como muchos recordarán, cuenta la historia de un poderoso empresario – interpretado por Anthony Hopkins -, cuya vida da un giro inesperado cuando la Muerte toma forma humana bajo la identidad de Joe Black, – encarnado por Brad Pitt -, para acompañarlo durante sus últimos días en la Tierra..
Como suele pasar con algunas películas, uno termina dándole sentido según la etapa de la vida en la que estemos. Recuerdo que cuando la vi por primera vez pensé que era una historia elegante sobre el amor, el tiempo y la belleza extraña de lo humano. Sin embargo hoy, con unos años de más, me dejó una sensación más incómoda y más verdadera al recordarme que la muerte no vive al final del camino sino que está todo el tiempo a nuestro lado.
En la película la muerte no aparece como un monstruo desesperado por destruirnos, sino como alguien curioso, sereno, casi humano, que se limita a observar cómo vivimos mientras nosotros hacemos todo lo posible por ignorarla. Quizás precisamente por eso el personaje de Joe Black impresiona tanto.
Nos educan para vivir con amor, pero casi nadie nos enseña a ver la muerte sin sentir terror y nos pasamos la vida escondiendola en hospitales, en funerarias y en palabras como “se nos fue”, “ya descansó” o “partió”, temiendo traerla a nuestra vida si la nombramos directamente.
Pero Joe Black está aquí desde que nacemos y la pregunta valiente no debe ser cuándo llegará sino cómo queremos recibirlo, porque tarde o temprano todos tendremos que acompañarlo en una última caminata a lo desconocido.
¿Debemos prepararnos?
La película nos enseña que prepararse para la muerte es vivir dejando menos asuntos pendientes. Es decir más seguido: “te necesito”, “te extraño”, “gracias”, “quédate un rato más”. Significa, a la larga, entender que la vida es valiosa precisamente porque no es eterna.
Todos nos hemos preguntado alguna vez ¿Qué dejará detrás nuestro encuentro con la muerte? Y la película responde esa pregunta de una forma silenciosa y brillante. Cuando se marcha, Joe Black nos deja algo inesperado… nos deja la enseñanza de que el tiempo es más frágil que lo que imaginábamos y por eso mismo más valioso.
La muerte también desnuda falsas prioridades, rompe arrogancias y nos obliga a revisar todo lo que “mal hacemos” mientras nos creemos inmortales. Esa es, quizás, la gran lección de “Meet Joe Black”, demostrarnos que la muerte no viene únicamente a terminar algo sino también a mostrarnos cómo debíamos haber vivido.
Cómo enfrentarla entonces…
Confrontar la muerte es posiblemente uno de los mayores retos del ser humano y el filme nos muestra ese momento de temor y esperanza de una manera poderosa y esclarecedora. En una de las últimas escenas, el personaje que está a punto de morir mira a Joe Black y le pregunta algo que probablemente todos hemos pensado alguna vez, aunque sea en silencio:
— “¿Debo tener miedo?” —
Y Joe simplemente responde: — “No un hombre como tú” —
Esa pequeña frase contiene la reflexión más humana y esclarecedora de toda la película o, mejor aún, de toda la vida… En esas 5 palabras Joe Black no da respuestas religiosas ni finales románticos. Simplemente reconoce que lo verdaderamente importante al morir es la manera en que se vivió.
La frase “No un hombre como tú” significa que alguien que amó, que intentó vivir con dignidad, que dejó huellas, que entendió que la vida no era eterna y aun así eligió entregarse a ella, puede y debe llegar tranquilo al encuentro con la muerte
Seguramente todos quisiéramos escuchar esa respuesta cuando Joe Black decida visitarnos, pero para merecerla la Muerte debe reconocer que vivimos honestamente. Que hemos pedido perdón cuando tocaba, abrazado sin calcular riesgos, soltado verdades antes de que fuera tarde, estado presente para otros cuando necesitaron y sobretodo, que lo hicimos entendiendo que el tiempo era limitado.
En mi opinión, la película plantea una idea hermosa, pero a la vez dura…. La tranquilidad frente a la muerte no se construye en el último minuto, sino durante toda la vida.
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Me ha parecido q miraba la película, me encantó la reflexión, el llamado a una vida más plena, sin rencores y aprendiendo a despejarnos de amarguras y tristezas