La vida y sus musas: Esas diosas impredecibles

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De acuerdo a la mitología griega, las musas son diosas que inspiran la creación en las artes y las ciencias. De hecho, muchos poemas antiguos comenzaban con una invocación, como: «Canta, oh Musa…«.
Mi vida ha estado rodeada de musas 🥰 Hace unos dias una conversacion me hizo indagar mas sobre ellas y de ahi surge esta reflexión que espero les agrade.

A todas las musas que han llenado mis espacios 

Los antiguos griegos creían que la inspiración no pertenecía al ser humano. Pensaban que llegaba desde fuera, como un regalo concedido por las musas, divinidades que susurraban versos a los poetas, melodías a los músicos e ideas a los filósofos.

No eran quienes creaban la obra, pero eran quienes despertaban en el artista algo que esperaba por ellas para nacer.

Hoy ya no creemos en aquellas diosas pero, sin embargo, muchos seguimos hablando de musas porque aunque hayamos cambiado la explicación, la experiencia continúa existiendo y hemos sentido alguna vez que “algo” nos ha hecho ver de una manera especial lo que nos rodea.

Ese «algo» inspirador puede ser casi cualquier cosa. Puede ser un paisaje contemplado al amanecer, un libro que llegó en el momento justo, el nacimiento de un hijo, una decepción inesperada o incluso una pregunta para la que nunca encontramos respuesta, aunque por lo general es una persona, como las grandes obras de las artes nos reafirman.

Una musa no crea nada por nosotros. Una musa despierta en nosotros – y solo en nosotros – el deseo de crear, no para ella, sino por ella. Por eso dos personas pueden vivir exactamente la misma experiencia, ver el mismo paisaje o amar a la misma persona y solo una sentirse transformada, pues la inspiración no reside en aquello que la provoca, sino en la espiritualidad propia de quien la recibe.

La musa no escribe las palabras, no pinta los cuadros, ni compone las canciones. Solo abre una puerta que hasta entonces permanecía cerrada en el artista y cuando lo hace, aparece la magia.

Pero quienes las recibimos en silencio, pocas veces pensamos que un lugar puede perder su magia, que un sueño puede cumplirse o que una persona puede decidir alejarse (o nosotros dejarla ir).  En fin, que aquello que un día nos llenó de ilusión, puede de igual forma dejar de hacerlo sin avisar. 

Entonces, cuando nos damos cuenta que ya no nos susurran ideas al oido, nos aferramos a ella, temiendo que si la dejamos marchar desaparecerá también la parte de nosotros que despertó.

Pero en la vida real ocurre justamente lo contrario y cuando una musa nos abandona, los sentimientos que despertó permanecen en la obra creada y hasta en muchas ocasiones sigue inspirándonos con su partida. De hecho, una musa no muere y – querramos o no -, siempre vive en la huella que dejó dentro de nosotros.

Al final, la vida de todos  está llena de musas que con sus presencias y ausencias nos han hecho reir o llorar. Unas llegaron vestidas de belleza y otras disfrazadas de dolor. Unas nos acompañaron por años y otras vivieron apenas lo que duró un beso deseado o un ocaso en el Malecón de la Habana

Pero todas tuvieron, tienen y tendrán algo en común: siempre aparecen para despertar una parte de nosotros que no conocíamos o que no sabíamos mostrar. Los museos, bibliotecas y gavetas de todo el mundo están llenos de las pruebas de sus visitas.

Y quizá esa sea la lección más hermosa que estas Diosas griegas nos dejan….

Las musas no existen para que dependamos de ellas. Están para recordarnos que la inspiración siempre vive dentro de nosotros y que solo necesita que algo o alguien tenga el poder de invocarla.

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