Estando de visita en casa de unos amigos, llegó una pareja de jóvenes. Él saludó cordialmente a quienes estábamos en la terraza. Ella, en cambio, entró sin saludar o mirar a nadie y se dirigió directamente a la habitación donde estaba su familia.
Quizá tenía prisa, quizá estaba preocupada, quizá ni siquiera se dió cuenta, pero lo sucedido me hizo recordar que educación y escolaridad no son lo mismo.
Una persona puede tener una brillante carrera universitaria o un puesto de trabajo importante, y sin embargo ser incapaz de decir «buenos días», «por favor» o «gracias». Y por el contrario, alguien con pocos estudios puede ser extraordinaria y socialmente educado y respetuoso.
La escolaridad o formación se adquiere en la escuela, la universidad o cualquier otro centro de estudios a través del acceso a conocimientos y habilidades. Es algo que puede medirse o acreditarse mediante exámenes, títulos o certificados.
La educación, sin embargo, se adquiere en el ambito social y principalmente en la familia. Se aprende mirando como actuan quienes nos rodean y se manifiesta en la manera de comportarnos con los demás. A diferencia de la escolarización, la educación no se puede acreditar con un diploma, aunque no es necesario hacerlo pues se identifica por si misma.
Por eso, cuando hablamos de una persona «bien educada», debemos pensar siempre en su comportamiento con los demás, pues la verdadera educación se manifiesta en la manera en que tratamos al camarero, al vecino, al anciano, al niño o al desconocido y no en los títulos o estudios que posee.
Hay momentos que duran apenas unos segundos pero nos enseñan mucho más que mil palabras y la historia de aquella joven con la que comenzamos este relato es una prueba de ello.
Quizá tuvo un mal día o simplemente estaba entretenida. No lo sé y precisamente por eso no la voy a juzgar. Sin embargo, le agradezco lo sucedido pues me hizo pensar en cosas que no debemos olvidar y que podemos resumir en tres ideas…
La familia es la que forma la “educación”, pues es en ella donde aprendemos cómo tratar a los demás.
La escolaridad nos prepara para ejercer una profesión, pero la educación nos enseña como compartirla con los demás.
La escolaridad puede abrirnos muchas puertas, pero la educación hace que cuando las crucemos no olvidemos saludar a quienes ya están dentro.
Iba a decir en estos tiempos eso se ve mucho, pero no; me retracto, ahora hay muchos jóvenes bien educados y también muchos mayores mal educados, ese tipo de educación comienza en la casa
Buena reflexión, como siempre 👏🏻❤️
Sin educación ningún título te hace brillar, muchos llegarán a tí en un momento por el azar o por una necesidad puntual pero luego buscarán al educado con preparación ese que sus méritos se exhiben solos y la humildad los engrandece. El resto no pasa a la historia