Existe una frase muy conocida que dice: “Querer una flor es cortarla y guardarla, mientras que amarla es cuidarla para que siga creciendo en el rosal”.
Aunque sencilla, encierra una reflexión profunda sobre la forma en que nos relacionamos con las personas, con las cosas e incluso con la vida misma.
A menudo utilizamos los verbos querer y amar como si fueran sinónimos. Decimos que queremos o que amamos a alguien y creemos estar hablando exactamente de lo mismo. Sin embargo, existe una diferencia sutil que merece ser explorada, porque en ella se esconde una leccion muy importante sobre los afectos humanos.
Querer surge cuando algo o alguien nos aporta bienestar, alegría, compañía o satisfacción y tiene un poco de deseo. Queremos aquello que nos hace sentir bien. Queremos la presencia de ciertas personas porque nos reconforta. Queremos determinados momentos porque nos hacen felices. Queremos conservar aquello que valoramos.
En ese sentido, el querer posee una dimensión legítimamente humana: nace de nuestra necesidad de afecto, de pertenencia y de compañía.
Amar, en cambio, implica algo más profundo. Amar es alegrarse de que la flor siga creciendo en el jardín, aunque no podamos llevarla con nosotros. Es comprender que aquello que amamos tiene una existencia y necesidades propias.
El amor auténtico contiene una dosis importante de generosidad, no porque sea un sacrificio permanente ni una renuncia constante, sino porque reconoce la individualidad del otro. Suele estar más cerca de la libertad que de la pertenencia pues quien ama desea el bienestar de la otra persona incluso cuando ese bienestar no siempre coincide con sus propios deseos.
Amar no significa que nos deje de importar lo que sentimos, sino aprender a equilibrar nuestras necesidades con las del otro. Es cuidar sin asfixiar, acompañar sin controlar y permanecer sin encadenar.
Ahora bien, tampoco conviene demonizar el querer. Aunque es posible querer sin amar, sería imposible amar sin querer. El querer forma parte del amor y la diferencia estriba en que suele comenzar al encontrar en alguien aquello que nos gusta o simplemente el apoyo y la comprensión que buscamos, mientras que el amor, además de lo anterior termina preguntando: “¿Qué debo hacer para que esta persona sea feliz?”
El querer puede ser espontáneo e inmediato. Nos gusta una canción desde la primera vez que la escuchamos, queremos repetir una experiencia agradable o deseamos permanecer junto a quien nos hace sentir bien.
El amor, en cambio, se construye poco a poco, pues necesita empatía, paciencia, comprensión y tiempo. Crece a medida que aceptamos ver a la otra persona como es y no como nos gustaría que fuera.
Al final, la diferencia entre querer y amar no está en la intensidad del sentimiento, sino en su dirección. Querer mira principalmente hacia aquello que recibimos. Amar mira también hacia aquello que ofrecemos. Querer busca conservar. Amar busca cuidar y dar.
Tal vez ahí resida la enseñanza de la flor. Cuando solo queremos algo, podemos sentir la tentación de apropiarnos de ello para disfrutarlo. Cuando lo amamos, comprendemos que su belleza depende precisamente de que siga vivo, creciendo y siendo libre.
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De acuerdo 💯
Yo creo que para AMAR hay que querer y para QUERER hay que amar, las dos me encantan 🥰❤️