Hace casi 20 años que la vi por primera vez cuando fui a conocer a su mamá, bajo el “romántico” pretexto de tirar unas fotos a la hermana y desde ese día aquel “piojito” de mirada juguetona y alegre me robó el corazón.
Pocos meses después el destino nos unió en una familia y aquella niña que ante mis ojos se hizo adolescente y después mujer, creció, pero no solo físicamente (que es lo que hacen todas las niñas), sino más importante aún, espiritualmente y desde cero ha aprendido a labrar su vida y vivirla a su manera.
Sin embargo, la vida, con sus casi siempre incomprensibles e insondables designios, un día nos separó físicamente. Primero solamente a unas pocas millas y más tarde con un océano de por medio, pero para mi ella siguió siendo aquella Weena** que nunca tuve, un sentimiento que siempre he sentido como reciproco.
Ya en el 2023 ella estuvo unos días por acá, pero el tiempo pasa y la nostalgia no suma días, sino que los multiplica y por eso, cuando a principios de año nos dijo que en septiembre se iba a pasar de nuevo unos días con nosotros, todos contábamos los días para verla
Llegado a este punto, muchos se preguntarán ¿qué es lo extraño en todo esto?…. Pues muy sencillo. Hace tres meses, en julio, estuve “muy malito”, que es como dicen los médicos por acá a estar GRAVE. Tan “malito” estuve, que hasta yo pensé que me iba del aire cuando los oí decir en urgencias, mientras miraban los monitores: “no tiene ni un parámetro normal”. Y podrán creerlo o no, pero pensé: “me jodí”, no voy a poder ver a mi niña…
Recuerdo que mientras me llenaban de agujas y aparatos en Cuidados Intensivos del Hospital y todos miraban con lástima al viejo de la camilla, le pedí a cuanto Dios recordaba haber conocido en mis casi 8 décadas de vida que, por favor, me permitiera llegar aunque fuera a septiembre, para poder verla.
¡Y LLEGUÉ! Es cierto que con los pulmones hechos talco y el corazón dando tumbos (entre otras cosas que mejor ni cuento 🤭), pero llegué. Y mi niña acaba de irse nuevamente al otro lado del Atlántico después de haber estado más de una semana en esta bella isla de mar, cielo y montañas, disfrutando de los sobrinos y compartiendo con su mamá, con su hermana y con este loco que se cree escritor 🥰
Esto es lo que quería contar. No sé cuánto tiempo me habrán dado aquellos a quien pedí aquella noche de julio una prórroga, pero quería agradecerles que me hayan oído y que decidieran regalarme este poco más, para poder compartir con ella la felicidad de estar juntos nuevamente.
** Weena es la protagonista de la película “La Máquina del Tiempo”, de H. G. Wells. Cuando siendo un adolescente la vi por primera vez, me prometí que mi hija se llamaría así.
Genial y sentimental narración.
Dios te dará muchos más julios, más septiembres y más eneros.
Enhorabuena Amor