Bodas de Porcelana: veinte años sosteniéndonos

Compartir en:

A esa dama especial que me perdonó una primera mentira

Veinte años no caben en una fecha pues llegan despacio, como llegan las certezas: sin ruido, sin anuncios, con la serenidad de lo que ha resistido. Por eso, las Bodas de Porcelana no celebran la euforia del comienzo, sino la delicadeza de lo que permanece.

El nombre que nos define

Dicen que este aniversario lleva el nombre de la porcelana porque es hermosa y frágil a la vez. En mi opinión personal, creo que se llama así porque después de veinte años, uno entiende que el amor no es indestructible y esa conciencia no lo hace más débi,l sino que  precisamente lo vuelve más fuerte, duradero y real.

Lo que hemos vivido no ha sido siempre fácil. Hubo días de manos llenas y otros de dos huevos fritos para tres. Hubo risas que nos salvaron y silencios que nos enseñaron. Pero todo eso nos fue moldeando, como el calor moldea la arcilla hasta convertirla en algo único.

Lo que somos después de veinte años

Amarnos después de veinte años es mirarnos y continuar reconociéndonos incluso en lo que hemos cambiado. Es saber dónde duele y dónde cura. Es elegir quedarnos siempre tanto en días de sol, como de tormenta. En nunca dejarnos ir.

Tras dos décadas nuestro amor ya no se basa – ni necesita – promesas enormes y puede vivir – y de hecho lo hace –  en los gestos mínimos e íntimos, en el cuidado cotidiano, en la paciencia que se aprende, en la complicidad que no exige palabras, en saber cuándo hacernos a un lado para que el otro pase y cuándo no.

Quizás continuemos siendo vulnerables al fracaso, pero hemos aprendido que lo que no se cuida se puede romper y por eso no dejamos de cuidarnos mientras seguimos caminando.

La vida compartida, sin adornos

Entre responsabilidades y días repetidos, el amor se vuelve algo silencioso y rutinario que no siempre se nota, pero si aprendemos a buscarlo mientras nos miramos, comprenderemos que siempre está ahí porque aunque es cierto que la vida diaria no es tan bella como en la poesía, se convierte en ella si sabemos vivirla a toda alma.

Veinte años juntos significan haber aprendido a convivir con lo imperfecto que somos por ser  humanos. Es aceptar que amar no es evitar las grietas, sino aprender a no romperse con ellas.

En fin, debemos ver nuestras Bodas de Porcelana no como una meta cumplida, sino como un instante para mirar atrás sin reproches insostenibles y hacia adelante sin miedos.

Lo que queda en quienes nos rodean

Este aniversario no habla solo de nosotros, pues ha dejado y deja una huella en quienes nos acompañan en el caminar. Para los hijos, para la familia, para los amigos, es una prueba callada de que el amor no siempre brilla, pero alumbra.

En tiempos de vínculos rápidos, veinte años juntos son casi un acto de resistencia. Un recordatorio de que lo frágil también puede durar cuando se sostiene con cuidado.

Celebrar es seguir eligiendo

Por todo eso AMOR te invito a no celebrar hoy el tiempo transcurrido, ni la permanencia, ni el no habernos soltado cuando fue difícil. Te propongo celebrar el haber escogido seguir juntos, con iguales certezas, pero con más verdad.

Las Bodas de Porcelana no son un final o una meta cumplida. Son solamente la forma de decir con alegría que, a pesar de todo, y con todo, seguimos eligiéndonos.

Y eso es sin discusión, la forma más hermosa de amar

2 comentarios en «Bodas de Porcelana: veinte años sosteniéndonos»

  1. Es un resumen precioso de 20 años vividos juntos, felicidades para esa linda pareja

  2. Muchas felicidades por esos 20 años y por los que faltan, vayan al CHARCO a celebrarlo con una comida rica y su amigo EL CUBANO 😂🥂❤️😘

Deja un comentario