Este año, los Carnavales nos sorprendieron en Puerto de la Cruz y, entre las muchas actividades programadas, conocimos una que nos llamó la atención por su nombre: El Entierro de la Sardina, una fiesta arraigada en las tradiciones tinerfeñas. Ayer nos sumamos a los miles de canarios y visitantes que, al ritmo de los tambores, marchamos desde el Paseo de Martiánez hasta el puerto para «enterrar la sardina«. Si quieres conocer más sobre esta divertida tradición, sus orígenes y ver algunas imágenes, continúa leyendo.
Un origen entre lo popular y lo simbólico
Cada año, cuando el Carnaval decide apagarse, Tenerife vive uno de sus rituales más simbólicos y esperados. No es un desfile más, es una mezcla de sátira, luto fingido y catarsis colectiva que convierte la risa en rito y el exceso en memoria: es el Entierro de la Sardina.
Esta celebración tiene sus orígenes en la España del siglo XVII. Cuentan que durante el reinado de Carlos III se envió a Madrid un cargamento de sardinas para alimentar al pueblo en el tiempo de La Cuaresma —período en el que, según la religión católica, no se debe comer carne—, pero el pescado llegó en mal estado y fue enterrado para evitar problemas sanitarios.
Aquella anécdota dio pie a una celebración burlesca que simbolizaba el fin de los excesos del Carnaval y el inicio de la sobriedad cuaresmal que, con el tiempo, se extendió por toda España, adaptándose a las particularidades culturales de cada región.
El Entierro de la Sardina y el Carnaval de Santa Cruz
En Canarias, y especialmente en Tenerife, esta fiesta adquirió una personalidad propia y, como parte del prestigioso Carnaval de Santa Cruz de Tenerife -considerado uno de los más importantes del mundo-, el Entierro de la Sardina marca el cierre oficial de las fiestas.
El acto suele celebrarse el Miércoles de Ceniza, cuando la figura de una gran sardina —de cartón piedra o materiales ligeros— recorre las calles en cortejo fúnebre acompañada por viudas desconsoladas (muchas veces hombres ataviados con exagerados trajes negros), sacerdotes caricaturescos y plañideras que lloran entre risas. La teatralidad es clave: el humor, la crítica social y el disfraz convierten el luto en espectáculo.
El desfile culmina con la quema de la sardina en la Avenida Marítima o en las inmediaciones del mar como símbolo de purificación: se queman los excesos, se despide el desenfreno y se abre paso a un tiempo de recogimiento… al menos en teoría.
Tradición e importancia cultural
Más allá del folclore, el Carnaval en Tenerife fue y es una válvula de escape colectiva, donde el pueblo puede reírse del poder, invertir roles y cuestionar normas sociales, y la parodia de El Entierro de la Sardina representa ese momento donde todo puede decirse bajo el amparo del disfraz.
Esta despedida ha sabido mantenerse viva incluso en épocas en que el Carnaval estuvo prohibido o restringido. Durante el franquismo, por ejemplo, las celebraciones se disfrazaron bajo otros nombres, pero la esencia popular resistió. La sardina, aunque simbólica, nunca dejó de “morir” cada año para renacer con la siguiente edición.
Un rito que renueva la fiesta
El Entierro de la Sardina no es realmente un final, sino una promesa de renacimiento. Su quema anuncia que el Carnaval volverá, que la alegría, aunque se despida entre lágrimas fingidas, siempre encuentra camino de regreso.
Y en esta isla, donde la risa es identidad y fiesta cultural, este ritual encierra algo más profundo: la certeza de que reírnos de nosotros mismos es también una forma de celebrar la vida.




