La idea de escribir hoy sobre el Mirlo canario no nació de un libro, ni de una guía de aves, sino de algo más sencillo. Una amiga me sorprendió con un vídeo que había grabado mientras paseaba por un parque: era de un mirlo silvestre, caminando y cantando sin preocuparse por el mundo que pasaba a su alrededor.
Al verlo entendí que casi siempre convivimos con la belleza sin percatarnos de ella, pero que está ahí, cotidiana, cercana, casi invisible, hasta que alguien la detiene en una imagen o un video y nos obliga a mirarla a los ojos. Ese vídeo, sorpresivo, breve y espontáneo, me recordó que en Tenerife tenemos un cantor discreto que merece unas líneas.
En más de una mañana —cuando la ciudad aún bosteza y el Teide se dibuja en el horizonte— hay un sonido que se adelanta al sol, limpio, pausado y casi íntimo. Es el canto del mirlo común, uno de esos vecinos alados que forman parte del paisaje emocional y cultural de la isla.
¿Es autóctono o vino de fuera?
El mirlo común o silvestre (Turdus merula) es una especie nativa de Europa, del norte de África y de parte de Asia occidental, pero está presente de forma natural en Canarias desde hace siglos, formando parte del ecosistema insular. En Tenerife se le considera una especie autóctona establecida, y está perfectamente adaptada a medianías, parques urbanos, jardines y zonas agrícolas.
El macho es de un bello plumaje negro intenso, con un pico amarillo-anaranjado brillante y un fino anillo ocular del mismo tono. La hembra, mucho más discreta (hembra al fin 🙂 ), luce tonos pardos oscuros y un pico más apagado. Ambos miden alrededor de 25 cm, poseen una silueta elegante y una cola larga que suelen alzar ligeramente al posarse.
Forma de vida, entre lo salvaje y lo urbano
El mirlo es territorial, especialmente en época de cría. Construye su nido en arbustos densos, setos o pequeños árboles, a menudo a poca altura, y la hembra pone entre 3 y 5 huevos en varias puestas al año.
Se le puede encontrar tanto en zonas rurales como en entornos urbanos. Ha aprendido a convivir con nosotros sin perder su instinto y se mueve a saltos por el suelo, escudriñando la tierra con paciencia en busca de su comida, compuesta fundamentalmente por lombrices y pequeños invertebrados, así como frutas y semillas. En jardines domésticos es un aliado natural contra ciertas plagas.
Su canto, una firma al amanecer
El canto del mirlo es melodioso, variado y profundo (Pulse el enlace para escucharlo). No repite mecánicamente un sonido, sino que (recordando al sinsonte cubano) improvisa, modula, dialoga con el silencio desde puntos elevados del terreno, especialmente al amanecer y al atardecer.
Escucharlo es recordar que la belleza no siempre grita, sino que a veces nos sorprende cuando menos lo esperamos.
Por eso, si vives en Tenerife, la próxima vez que escuches ese canto temprano en la mañana o cuando el sol se despide, deja a un lado el móvil y mira al cielo, pues seguramente el mirlo estará allí, recordándonos que la naturaleza nos sigue cantando.
Este es el video que me regalaron….Enciende las bocinas ¡¡¡
Guaoo que lindo describes la historia del
el Mirlo muy interesante , mucha verdad hay que dejar el movil a un lado ,y mirar la belleza cuando chocan con nuestro ❤️👏👏👏