Cuando el cansancio se vuelve parte de ti misma: Robarle momentos a la vida

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Los días se mezclan, las tareas se acumulan y el cuerpo empieza a pasar factura. Hay mujeres que viven sosteniendo el mundo de muchos sin que nadie sostenga el suyo.

Esta pequeña reflexión es para aquella amiga
a quien los días quieren vencer

Robarle instantes a una vida que corre demasiado

A veces la vida no se detiene ni un segundo. Los días se mezclan, las tareas se acumulan y el cuerpo empieza a pasar factura. Hay mujeres que viven sosteniendo el mundo sin que nadie sostenga el suyo, y llega un momento en que la vida pesa tanto, que hasta respirar parece un lujo.

Pero incluso en medio de esa vorágine, aún es posible vivir. Quizás no a todo lo grande que sabemos merecer, pero si a pequeños sorbos, saboreando, poco a poco, cada instante que nos hace sentir bien.

Cuando el cansancio se vuelve parte de ti misma

Hay momentos en los que sientes que el reloj se convierte en enemigo, que el cuerpo duele sin estar enfermo y que la mente no deja de gritarte los silencio. Momentos en los que los hijos o la familia, la soledad acompañada y todo de lo que crees ser única responsable, no te dan tregua y llegas a sentir que tu existencia se reduce a cumplir tareas del hogar y a sostener a quienes te rodean.

Y entonces puede que te sorprendas pensando que tu existencia es inútil o innecesaria, pero si lo haces no es porque hayas dejado de amar la vida, es porque en el camino has olvidado alimentar y cuidar lo más importante… te has olvidado de ti misma.

Es humano sentirse agotada, porque hay batallas que no se libran con espadas, sino con despertadores a las seis, mochilas escolares, cuentas por pagar o noches sin dormir pero, como toda batalla, esta de la vida se gana cuando sabemos escoger cómo enfrentarla.

Vivir no es sobrevivir

Vivir no puede limitarse a cumplir con lo que crees que te tocó y aunque el tiempo parezca no alcanzar, debes buscar y encontrar esos pequeños espacios de tiempo por donde la vida puede colarse si la dejamos hacerlo, esos breves instantes que te recuerden quien eres en realidad.

Un café en silencio antes de que despierte la casa; Una canción que escuchamos a escondidas mientras cocinamos; Una conversación corta con alguien que nos hace reír; Un mensaje amable antes de dormir; Un atardecer rojo desde la ventana; Una charla que te reconecte contigo misma.

Porque cuando dejas que esos pequeños actos de rebeldía lleguen a ti, ocurre algo milagroso. Te encuentras a ti misma y comprendes que vivir es también robarle segundos a la prisa y es escaparse —aunque sea por un rato— de ese destino que pide, pero que no da, pues aunque no siempre podemos cambiar las circunstancias, sí podemos decidir cómo las habitamos.

Recordarte viva, a pesar del caos

No se trata de huir del deber, sino de – además – volver a conectar con lo que te hace sentir viva. De entender que también mereces ternura, compañía, placer y descanso, porque el amor hacia los demás empieza, siempre, por cuidarnos un poco más a nosotros mismos.

A veces creemos que la vida es ese gran todo que nos espera cuando haya más tiempo, cuando los hijos crezcan, los enfermos sanen y cuando todo esté más tranquilo. Pero la verdad es que la vida ya está ocurriendo, aquí y ahora. Está entre el ruido, el cansancio y las risas. Está en los pequeños momentos que elegimos disfrutar, aunque el mundo insista en decirnos que no hay tiempo para eso.

Por eso, si hoy te sientes agotada, sin fuerzas, aplastada por el día a día, no te exijas más. Respira, busca ese instante que te pertenece y vuelve, aunque sea solo por un momento, a esa música, esa charla, esa ventana o esa mirada que te hacen sentir tú.

Porque vivir no es esperar a que todo se calme, es aprender a encontrar belleza y tranquilidad dentro del caos que nos rodea. Recuerda que:

A veces vivir no es tener tiempo, sino atrevernos a robarlo