Durante mucho tiempo creí que el amor era intensidad, grandes promesas y palabras que sonaban eternas, pero con el tiempo aprendí que en realidad es algo sosegado, que casi nunca grita y que más bien nos susurra su presencia.
He aprendido también que el amor no es algo que se puede explicar con lógica, como las matemáticas. Que solo se reconoce en la calma que trae una presencia, en la preocupación sincera por alguien, en el miedo a perder lo que nos importa, en la mirada que nos devuelve la calma o el deseo
Amar es aceptar que el otro ya forma parte de tu equilibrio y eso, aunque hermoso, siempre nos asusta mucho
La pareja: el amor que se busca.
El amor de pareja me enseñó que no basta con sentir y que lo verdadero – y más difícil – es permanecer, pues en este caso amar no es solo encontrar quien complete lo que nos falta, sino dar sonriendo lo que de nosotros el otro necesita.
Es un amor que cuando madura, deja de ser un incendio y se convierte en refugio. Y el refugio no deslumbra, pero salva.
La familia: el amor que te toca
La familia es un amor que existía antes de yo nacer en vínculos y relaciones que no siempre implican cercanía y – en ocasiones – ni siquiera sentimientos.
Con el tiempo comprendí que amar en la familia significa aceptar sus luces y sus sombras, sus errores y sus intentos pues, de una manera u otra, somos continuidad de quienes nos precedieron.
La familia siempre deja huella y hay huellas que no se borran, aunque se cambie de camino.
La amistad: el amor que se elige
La amistad es uno de los amores más honestos, pues no nace de la obligación, del deseo o de la sangre, sino de la afinidad. Es un “estoy aquí” por decisión propia y mutua.
Un amigo es quien te reconoce en los días grises y no se va. Es quien celebra tus pequeñas victorias como si fueran propias. Es quien te recuerda cuán importante eres cuando tú mismo lo olvidas.
Las mascotas: el amor sin palabras
Siempre he estado rodeado de mascotas que me enseñaron que el amor no siempre necesita de palabras, pues a veces basta una mirada que te sigue por la casa, un silencio compartido o una lealtad que no se negocia, para comprender lo que es el verdadero amor.
En el amor de una mascota no hay expectativas sociales, no hay reproches del pasado, no hay cálculos de futuro, solo hay una presencia que conmueve y en este mundo tan complejo, esa sencillez es un regalo.
El Amor: sentimiento de esplendor y riesgo
Si algo he aprendido en todos estos años es que cuando amas te haces más vulnerable al fracaso y a las lágrimas, pero que también te vuelves más merecedor de los éxitos y las risas.
Quizás el sentido de lo vivido no esté en acumular amor, sino en atrevernos a buscarlo, porque cuando todo lo demás se diluya, lo único que nos identificará será la respuesta de ¿A quién amé? y ¿Quién me amó?
Y es que en el AMOR dado y en el AMOR recibido está el resultado de nuestra vida.