El día a día en la mayor parte de los hogares parece un ballet silencioso y rutinario en el cual una persona mantiene todo en escena funcionando.
Alguien se despierta temprano, prepara el desayuno, ordena la casa, lava la ropa, hace las compras, cocina almuerzos y cenas, limpia y vuelve a empezar, y todo eso, en demasiadas ocasiones, sin aplausos ni agradecimientos. Y lo más interesante es que este trabajo, esencial para que la familia exista, a menudo pasa desapercibido y muchos creen que “trabajar” es solo traer dinero a casa.
Posiblemente todos hemos escuchado alguna vez: “Aqui yo soy quien trabaja y quien trae el dinero a la casa”, y es que esta frase representa una visión muy extendida que no toma en cuenta el valor real del trabajo doméstico y lo que ahorra de los gastos quien lo realiza .
Les propongo calcular lo que costaría (según la IA) contratar la realización de las principales tareas del hogar. No son valores exactos, pero se aproximan a la realidad.
- Limpieza: Una limpieza ligera profesional cuesta unos 20 € por hora. Si se dedican 2 horas al día, serían 40 € diarios.
- Lavar ropa: El lavado, secado y planchado profesional puede costar alrededor de 12 € por carga. Dos cargas diarias equivaldrían a 24 € diarios.
- Cocinar: Contratar a alguien para preparar desayuno, almuerzo y cena puede rondar los 20 € por hora. Tres horas de cocina diaria suman 60 € diarios.
- Organizar la casa: Ordenar habitaciones y mantener todo en su lugar puede valorarse en 10 € diarios.
- Hacer compras: Hacer la compra diaria, transportarla y organizarla puede costar 12 € diarios.
Pues sí —y no se asombren demasiado—, el salario a pagar por las tareas del hogar superaría al día los 140 €, o sea, más de 4.000 € al mes (sin contar el llevar al cole y ayudar con las tareas si hay hijos), lo cual es una prueba de que el trabajo doméstico tiene un valor económico , aunque no se refleje en un recibo o factura.
Esta omisión no siempre es intencional. Muchos esposos han crecido en la idea de que solamente se trabaja cuando se generan ingresos, ignorando que mantener un hogar requiere tanto de tiempo, como de esfuerzo físico y mental, y que cocinar, limpiar, lavar ropa y organizar no son actividades recreativas, son un trabajo tanto o más importante que ganar un salario, pues sostienen la vida diaria de toda la familia.
Reconocer este esfuerzo no es solo justo, sino es también imprescindible para la salud de la relación. Valorar el trabajo doméstico implica compartir responsabilidades, apoyar al otro y dejar de creer que solo trabaja quien ingresa en la cuenta bancaria. El desafío está en ver las tareas en el hogar como lo que realmente son… TRABAJO.
Así que, la próxima vez que oigas decir a alguien “yo soy quien trabaja”, convendría preguntarle: ¿cuánto costaría reemplazar su esfuerzo con servicios profesionales?, ¿qué pasaría si la persona que mantiene la casa dejara de hacerlo? Y la respuesta, además de sorprender a más de uno, seguramente ayude a abrir la puerta a conversaciones de igualdad, respeto y a la valoración de esa labor «invisible».
En conclusión, ya es hora de dejar de minimizar las tareas del hogar. Cada comida preparada, cada ropa lavada, cada espacio limpio y organizado representa horas de esfuerzo y dedicación, y reconocerlo no es solo un acto de justicia a quienes mantienen funcionante una parte importante del hogar.
Moraleja final:
Quienes miden el trabajo solo por el dinero que entra en casa ignoran que mantener una familia viva, ordenada y alimentada es también trabajo, y que menospreciar ese esfuerzo, además de ser injusto, revela una visión limitada, pues seguramente coincidiremos en que quien sostiene el hogar merece tanto respeto como quien paga las cuentas.
Muy bien explicado, además súmale a eso, que en la mayoría de los casos, esa mujer también trabaja y aporta su salario 👏