La belleza del arcoíris está en aparecer cuando la tormenta y la luz se encuentran, y en recordarnos que hay momentos que no pueden ser atrapados, solo vividos. Esa es la enseñanza de esta historía
La fábula del niño y el arcoíris
Después de una tormenta intensa, un niño salió al campo y vio un arcoíris abriéndose sobre el cielo. Nunca había visto algo tan hermoso.
Sus colores parecían vivos, como si cada uno guardara algo de ternura, de alegría, de asombro y de esperanza. Cada tonalidad parecía bailar entre las nubes que conservaban algunas gotas de lluvia y el niño corrió hacia él con la inocencia de quien cree que lo bello puede guardarse siempre como propio.
Saltaba entre los charcos, dejando que el agua le salpicara los zapatos y los pantalones, pero el arcoíris, negándose a ser atrapado, no permitía que se acercara.
Entonces un viejo árbol que desde lo alto de una pequeña colina era testigo silencioso de la tristeza del niño, le dijo, con voz calmada y cálida:
— La belleza del arcoíris está en aparecer sin avisar cuando tormenta y calma se encuentran pero su verdadera magia está en recordarnos que hay momentos que no pueden ser atrapados, que debemos conformarnos solo con vivirlos. —
El niño lo miró en silencio… y como los colores comenzaban ya a desvanecerse le preguntó con tristeza.
—¿Y si desaparece? —
—Entonces vivirá dentro de ti — respondió el árbol —. Porque las cosas hermosas no nacen para permanecer o para pertenecernos, sino para vivir por siempre dentro de quien tuvo la dicha de verlas—.
Y el niño dejó de perseguir al arcoíris pues comprendió lo que el viejo árbol le dijo, y despidiéndose de los colores que ya comenzaban a diluirse en el azul del cielo, aprendió que no todo lo que llega a nuestra vida necesita quedarse cerca para seguir existiendo dentro de nosotros.
De la fábula a la vida real
Esta fábula me lleva a alguien que un día llegó sin avisar, como llegan los arcoíris. A un niño que con su presencia me enseñó a mirar la vida con asombro, aunque debo reprocharle quizás que olvidó advertirme que lo hermoso muchas veces lleva consigo la semilla de lo efímero.
En ocasiones el destino, con maldad impredecible, separa los caminos y termina recordándonos que hay presencias que no llegan para quedarse, pero también es cierto que – por muy breves que sean -, las cosas buenas acaban permaneciendo en nosotros para siempre.
Un epílogo para ti, para mí, para todos
Quizás al final todo se resume en eso: en agradecer la luz que ciertos encuentros dejan, aun cuando ya no estén y desde esa gratitud nace esta última reflexión para ti, para mí y para todos.
A ti, mi pequeño arcoíris, agradecerte por la risa y el asombro con que llenaste espacios de mí que ni siquiera conocía y que ya forman parte de mi manera de sentir.
A mí, atesorar la paz de haber vivido y disfrutado del arcoíris mientras pudo ser y la aceptación serena de que hay regalos de la vida que hallan su eternidad en la memoria
A todos, aprendamos a no medir la belleza por el tiempo que nos acompaña, sino por la transformación que deja. Porque… Lo más breve puede ser también lo más eterno
Y a partir de hoy, cuando mire un arcoíris, pensaré en ti, en mí y en todos aquellos que alguna vez amaron algo que nunca se fue del todo y que aprendió a quedarse en el alma.
Bello y triste
Muy bonito
Me encantó, aunque un poco triste pero tienes mucha razón, hay recuerdos y momentos que se quedan en el alma para siempre, casi que lloro
💔🥹 Concuerdo, en agradecer y aceptar está la magia. Llevarnos lo bonito del recuerdo es lo más importante.
💌 Para mí, para tí y para todos , tenemos uno o muchos 🌈 que es eterno en nuestros ❤️🧡💛🩵💚💙💜 ✨️.Que historia tan hermosa .