Ayudar o Compartir, la diferencia que transforma la pareja

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Seguramente todos hemos escuchado decir en alguna ocasión “Yo ayudo en la casa”, una frase que sin darnos cuenta dice más de lo que parece. 

Hasta suena correcta, incluso generosa, pero si pensamos un poco nos daremos cuenta que encierra una idea que,con el paso del tiempo puede afectar la existencia misma de una relación pues….

Ayudar no es lo mismo que compartir

Cuando en una pareja se dice que “ayudamos en las tareas de la casa”, se está estableciendo de manera clara y explícita que una de las partes es la responsable principal y la otra colabora cuando quiere, puede o cree oportuno hacerlo. Y la explicación es muy sencilla,  pues quien ayuda hace un favor que, como todo favor,  merece reconocimiento.

Pero por el contrario, cuando se habla de compartir deberes, la perspectiva cambia por completo. No hay tareas que sean innatas de uno, ni favores que haga el otro, porque hay corresponsabilidad, el hogar deja de ser un territorio asignado y se convierte en un proyecto común.

El concepto de compartir, no se basa en que cada uno haga exactamente lo mismo que el otro, como tampoco consiste en dividir cada tarea a realizar en mitades exactamente iguales. Lleva implícito que el funcionamiento del todo es responsabilidad de ambos. 

Compartir es comprender que mantener el hogar limpio, organizado y funcional es una obligación que se vive en pareja.

El peso invisible que casi nadie ve

El trabajo doméstico fue – y aún es en muchas ocasiones y lugares -, una extensión “natural” del papel asignado a la mujer. Algo que no se cuestionaba, que no se negociaba y que simplemente se daba por hecho. Es cierto que la sociedad ha cambiado y que hoy muchas parejas trabajan fuera del hogar en igualdad de condiciones, pero dentro de la casa, esa transformación no es siempre tan profunda o visible.

El problema no está solo en las tareas que pueden verse —lavar platos, cocinar, limpiar, tender la ropa— sino en aquellas invisibles que rara vez se reconocen, como pueden ser planificar las compras, recordar citas médicas, prever que se acabará el detergente, organizar celebraciones familiares y coordinar horarios, por citar solo algunas.

Lo que marca la diferencia dentro de la relación, desde el punto de vista de lo justo, es que cuando se “ayuda”, generalmente se ejecutan instrucciones, pero que sin embargo, cuando se comparten los deberes, también compartimos la responsabilidad de pensar.

La trampa del aplauso

Nadie espera aplausos por cumplir con sus propias responsabilidades básicas como pueden ser pagar el alquiler, comprar la gasolina, limpiar el auto o mantener organizado el puesto de trabajo. Entonces, ¿por qué consideramos extraordinario que una persona participe activamente en el cuidado del hogar que también disfruta?

Cuando dos personas viven bajo el mismo techo, ambas generan desorden, ambas usan utensilios, ambas ensucian espacios y ambas necesitan comodidad, asi que lo lógico es que el mantenimiento de ese espacio sea una tarea compartida. No como un favor, sino como un principio de equidad.

Quienes dicen “yo ayudo mucho en casa” suelen esperar un reconocimiento y valoración especial pero… ¿Por qué esperar – y a veces exigir – aplausos por cumplir nuestras propias responsabilidades básicas?

Amor no es sustituir, es equilibrar

Compartir tampoco es llevar una contabilidad obsesiva de quién hizo qué y mucho menos competir por determinar quién trabaja más. Es una cuestión de equilibrio. 

Puede darse el caso de que por trabajo, enfermedad o situaciones personales, uno de los dos deba asumir más carga que el otro, y aunque en esas circunstancias sí que hablamos de ayudar, ello deberá ser algo temporal, pues si se convierte en permanente, pasaría a ser desigualdad.

Amar no es “tirar un cabo o echar una mano” en aquello que supuestamente corresponde al otro. Es entender que la casa, el hogar, no es el espacio de uno al que el otro se suma, sino que es el espacio de ambos.

El lenguaje también construye la realidad

A veces el cambio entre ayudar y compartir puede comenzar por algo tan simple como no decir “te ayudo”, sino “¿cómo nos organizamos?”. No decir nunca “eso es cosa tuya”, sino “eso es cosa nuestra”. Las palabras definen nuestra manera de entender el mundo y cómo actuamos en él.

Compartir no es perder autoridad o ceder espacio. Es reconocer que la convivencia requiere justicia cotidiana y que cuando ella se instala en el quehacer diario, el respeto crece y el amor se fortalece.

2 comentarios en «Ayudar o Compartir, la diferencia que transforma la pareja»

  1. En las parejas de estos tiempos se observa con bastante frecuencia la palabra «compartir » xq así lo exige la vida actual

  2. En mi actuar, elegir una pareja lleva implícito compartir en el amplio sentido de la palabra , si se expresa usando la palabra » te ayudo » ya no puede vivir a mi lado.
    Soy mucho para un hombre que no me valore y queda descartado .

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