Olvidar o extrañar: cuando el afecto se convierte en recuerdo: Una historia y varias preguntas

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La historia que les comparto hoy es una reflexión sobre los afectos que nacen de la presencia y se alimentan de la continuidad. De aquellos cariños que surgen casi sin buscarlos y que cuando la vida los aleja, casi siempre nos obligan a elegir qué hacer con ellos.

Esta metáfora nos presenta a un anciano que conoció a Lola, la gata de los vecinos.

Una pequeña historia

Ella era curiosa, de esas que no piden permiso para entrar en una casa si se sienten bien allí. Al principio solo lo hacía cuando los vecinos visitaban, pero después empezó a quedarse más tiempo, a jugar con las cortinas o hasta dormir la siesta Con el tiempo el anciano terminó aceptándola pues, aunque era la gata de los vecinos, se convirtió también su compañera.

A ella le gustaba estar con él. Se acomodaba en sus piernas cuando él dormitaba en el balancín, lo acompañaba cuando salía al pequeño parque del barrio y en sus brazos se hizo adulta. Él, por su parte, la quería con esa ternura tranquila que nace cuando alguien llena de ruidos el silencio y de compañía los espacios vacíos. En fin, él la consentía humanamente y ella felinamente lo había adoptado 

Pero la vida, que a veces reorganiza los afectos sin pedir opinión, un ía decidio cambiar su juego… el anciano tuvo que mudarse a otra comarca bastante más lejana.

Desde el primer día él extrañó profundamente la presencia casi constante de Lola en su vida y cuando los vecinos, a través de videollamadas, le mostraban cada vez que podían cómo ella lo miraba con sorpresa desde el móvil la humedad llenaba casi siempre sus ojos. 

El tiempo continuó con su imparable andar, los momentos de las familias dejaron de compartirse tan a menudo y Lola ya no estaba en todas partes como antes. A veces era solo el relámpago que aparecía momentáneamente en alguna conversación o en una fotografía vieja en el móvil y entonces, pese a que los recuerdos le sonreían, las nostalgias lo llenaban de tristezas y trataba de alejarlos.

Y un día el anciano, mirando el horizonte, se preguntó: ¿Lola me habrá olvidado o estará  haciéndolo? ¿Estoy yo olvidándome de ella o más bien quisiera hacerlo?

Y la inquietud de las respuestas lo envolvió.  Qué hacer: tratar de olvidar o continuar extrañando… Aunque sabía que ninguna de las dos decisiones lo haría totalmente feliz

Entonces….

¿Dejó acaso el anciano de querer a la gata o ella a él? No. El afecto nunca desaparece totalmente y menos aún lo hace por decisión propia. Simplemente cambia de forma cuando la vida cambia las circunstancias.

¿Debe él dejar de quererla? No, pues para bien o para mal, los sentimientos no son un interruptor que podamos apagar cuando nos conviene. 

¿Debe el anciano soportar extrañarla? Si. Puede y debe aceptar que ese amor ya no vive en el presente y que ahora lo mira desde la memoria, algo que solo lo hace distinto

Final

Esta historia podemos transpolarla a muchas situaciones de la vida, si solamente cambiamos los personajes. Normalmente los sentimientos de amor y cariño nacen cuando se comparten espacio y tiempo, pero si no queremos que se conviertan en memoria, deberemos alimentarlos con vivencias nuevas.

Por suerte, no todo es triste en la historia pues, al final, el anciano se dio cuenta de que aunque ya no podía acariciarla o escuchar su ronroneo como antes, conservaba algo de Lola que siempre le arrancará una sonrisa: ¡los recuerdos que le regaló! Y eso, queridos amigos, en la vida real, nos salva…

Hay personas, animales y momentos que no se van del corazón… solo se mudan lentamente al territorio de los recuerdos.

2 comentarios en «Olvidar o extrañar: cuando el afecto se convierte en recuerdo: Una historia y varias preguntas»

  1. Un animal al que no podamos ver, entra en los recuerdos similar a un duelo, lo que en la conciencia sabemos que existe

  2. Que bonita historia y a la vez sentimental ,el recuerdo hace vivir de nuevo esos momentos de felicidad ❤️❤️❤️🙏

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